martes, 3 de marzo de 2009

Ella y el ombú...


Ella ha vuelto para buscar el árbol más anciano del jardín. Con pasos lentos, como si arrastrara una pesada carga de la que en realidad no quisiera desprenderse, ha llegado hasta el ombú de enormes raíces y tronco erguido y desnudo. Se ha detenido y arrodillado frente a esos brazos de madera virgen que se aferran a la humedad del terreno para no desfallecer. Los recorre uno a uno, desde la base del tronco, ralentizando la caricia a medida que se aproxima al punto exacto donde cada uno de ellos clava sus uñas a la tierra.

Es justo lo que ha venido a buscar, una bofetada de realidad que la apuntale con fuerza e indefinidamente al lugar del que nunca debió salir. Antes, enterrará bajo sus raices la carga que ha venido arrastrando, atada a sus tobillos; su último tesoro, la creencia de que existen un sinfín de realidades paralelas dispersas en el aire, y otro tanto de ellas explorando las profundidades marinas. Pero el ser humano es tierra, y tarde o temprano, debe renunciar al vuelo cuando empieza a peligrar la resistencia de sus brazos, así como emerger a la superficie cuando los pulmones corren el peligro de anegarse.

Ella es tierra, pero quiso practicar el vuelo y la inmersión. Planear como un albatros sobrevolando otras realidades que también soñaban con sobrevolar, a su vez, su propia realidad. Sumergirse hasta lo más profundo del océano y descubrir, en silencio, cómo hacen el amor los corales blancos. No tuvo en cuenta la imposibilidad genética de ser pájaro y sirena.

Entierra un abrazo interrumpido por la realidad predominante, las últimas violetas que perfumaron su nombre, una barca, un libro en blanco, un poema, dos poemas, mil poemas.

Ahora la realidad vuelve a ser Ella, de nuevo terrenal, de nuevo en su sitio. Ella y las raíces que guardarán para siempre su verdadera naturaleza. Ella, las raíces, y un grito gutural que nace de las entrañas del ombú y que impacta en sus tímpanos condenándola para siempre a arrastrar una nueva carga...

¡Maldita seas, mujer, por haber abandonado tu último sueño!

8 comentarios:

Elwimg dijo...

"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te llevan a él"
Paulo Coelho.

Preciosa...

Un besin.

Stanley Kowalski dijo...

Hermoso y emotivo relato, me gustó mucho. No se si sabés que para nosotros, los argentinos el ombú es un símbolo de nuestro campo. Además Miguel Bosé, que me encanta! Maravilloso post.
Quería darte las gracias por las felicitaciones, sos encantador.

BESOS

€_r_i_K dijo...

Cada uno debemos de asumir,
si tierra somos en tierra estaremos....
Pero jamás, jamás pierdas el sueño....
Quizás te regalen alas,
quizás te salgan escamas.....


Abrazos....

Desvanecerse dijo...

Yo conozco la leyenda en que el Ombú hace realidad los sueños que se entierran cerca de su sombra.
Tu lo haces con las palabras
Besotes

La paciente nº 24 dijo...

Dile a Ella que se sumerja, dile que sea pájaro, que sea sirena, dile que no existe la imposibilidad, que la inventaron los necios para controlar el deseo. Dile que sea Ella, que no hay más raíz que la que transcriben sus huellas, ni abandono pequeño, ni sueño que no se pueda alcanzar con un poema. Díselo a Ella.

Precioso Arena.

BUENAS NOTICIAS dijo...

Querida Arena, qué escrito más maravilloso. Querría decirte muchas cosas pero me quedo muda. Solamente, animarte y animarme a no abandonar los sueños, del primero al último, luchemos por ellos!!!!
Un abrazo grande.

Eulàlia B. P. dijo...

Precioso Arena, yo también te grito que jamás se deben abandonar los sueños.
Sigue.
Labelia

AlbertoEL dijo...

Los sueños los abandonamos a medida que nos va resultando más fácil conseguirlos, a medida que nos va resultando más fácil acceder a las nubes del Monte Parnaso... pero malditos aquellos que no persiguen sus sueños alados como Hermes y no dan rienda suelta a sus ansias de rebeldía, de lucha, de existencia...

Gracias por el comentari que hace semana me brindaste,a mi también me ha encantado tu lugar de encuentro y aquí te tiendo, amistosamente, mi espada y mi pluma.


Un beso.


Alberto.